Un pitido agudo, más parecido al de un tranvía que al de un tren de largo recorrido, anuncia la salida desde la estación de Chiayi antes del amanecer. Los vagones son pequeños, la vía es estrecha —mucho más que la de cualquier línea convencional— y el tren avanza a un ritmo que en cualquier otro contexto se calificaría de lento, pero que aquí resulta exactamente el adecuado: en poco más de dos horas, este tren minúsculo tiene que subir más de dos mil metros de desnivel, atravesando en el camino varios climas distintos, desde el calor húmedo subtropical de las tierras bajas taiwanesas hasta el fresco propio de un bosque de montaña donde, en ciertos días del año, hasta se puede ver la nieve. Ese es el ferrocarril forestal de Alishan, una de las líneas de montaña más singulares de Asia, construida originalmente con un propósito muy distinto al que tiene hoy.
Una vía nacida para explotar madera, no paisajes
El ferrocarril de Alishan no se construyó pensando en turistas ni en vistas panorámicas, sino como infraestructura para la extracción de madera durante el periodo en que Taiwán estuvo bajo administración japonesa, a comienzos del siglo veinte. La zona montañosa de Alishan albergaba entonces extensos bosques de ciprés rojo de Taiwán y otras coníferas de gran tamaño, especies muy valoradas por su madera, y la única manera viable de bajar los troncos desde las laderas hasta las zonas de procesamiento en las tierras bajas era construir una línea férrea capaz de superar un desnivel considerable en un terreno extremadamente accidentado. El resultado fue una vía de trocha estrecha, con curvas muy cerradas, pendientes pronunciadas para los estándares ferroviarios convencionales y un sistema de zigzags —tramos en los que el tren avanza, se detiene, y retrocede por una vía distinta para poder seguir ganando altura sin necesidad de túneles excesivamente largos— que todavía hoy sigue en uso y que constituye una de las curiosidades técnicas más comentadas del recorrido.
De las tierras bajas al bosque de niebla
El trayecto completo, entre la estación de salida en las tierras bajas cercanas a Chiayi y la zona alta de Alishan, atraviesa una transición climática y vegetal notable en un espacio de tiempo relativamente corto. En los primeros tramos, el paisaje corresponde a la vegetación subtropical típica del oeste de Taiwán: plantaciones de té, bambú y bosques mixtos de hoja ancha, con un calor húmedo perceptible incluso desde dentro del vagón. A medida que la vía gana altitud, el bosque cambia progresivamente hacia especies de montaña, con una franja intermedia dominada por bambú de gran tamaño y, más arriba, por bosques de coníferas donde predominan cipreses, cedros y pinos. En las zonas más altas del recorrido, especialmente en determinadas épocas del año, no es raro que el tren circule literalmente dentro de las nubes, atravesando un bosque cubierto de niebla y musgo que ha dado a esta región cierta fama de paisaje casi de cuento, con troncos cubiertos de líquenes y una luz filtrada muy distinta a la de las tierras bajas de donde salió el tren apenas un par de horas antes.
Los famosos zigzags de Dulishan
Uno de los tramos técnicamente más comentados de todo el recorrido es la zona conocida por su sistema de avances y retrocesos en zigzag, diseñado para que el tren pueda ganar altura en un espacio muy reducido sin recurrir a curvas imposibles ni a pendientes excesivas para la maquinaria de la época en que se construyó la línea. En la práctica, esto significa que en determinados puntos el tren se detiene, cambia de vía mediante un desvío, y continúa el ascenso circulando en el sentido contrario al que llevaba momentos antes, repitiendo esta maniobra varias veces hasta ganar la altitud necesaria. Para quien viaja sin conocer este detalle, el efecto puede resultar desconcertante la primera vez —la sensación de estar retrocediendo cuando el objetivo es subir—, pero se trata de una solución de ingeniería relativamente común en ferrocarriles de montaña de todo el mundo, aunque pocas líneas la exhiben de forma tan clara y repetida como la de Alishan, lo que constituye en sí mismo un atractivo añadido para los aficionados a la ingeniería ferroviaria.
El mar de nubes y el amanecer sobre Yushan
Una de las razones por las que muchos viajeros deciden pernoctar en la zona alta de Alishan, en lugar de hacer el trayecto de ida y vuelta en el mismo día, es la posibilidad de presenciar el llamado mar de nubes al amanecer, un fenómeno relativamente frecuente en esta región de montaña durante buena parte del año, en el que una capa densa de nubes se acumula por debajo del nivel de los miradores, dejando los picos más altos —entre ellos, en días muy despejados, el propio Yushan, la montaña más alta de Taiwán— asomando por encima de un manto blanco continuo. Existe incluso un pequeño tren específico, distinto del que sube desde Chiayi, que conecta la zona de alojamiento en Alishan con uno de los puntos de observación más conocidos para el amanecer, pensado justamente para que los visitantes puedan llegar con tiempo antes de que salga el sol. Conviene tener en cuenta que este fenómeno depende enteramente de las condiciones meteorológicas de cada día y no está garantizado en ninguna fecha concreta, por lo que conviene informarse sobre la previsión meteorológica local y no planificar el viaje exclusivamente en torno a esta posibilidad, por atractiva que resulte en las fotografías que circulan sobre la zona.
Gigantes centenarios entre la niebla
Alishan es célebre también por sus árboles de gran tamaño y edad considerable, en particular ejemplares de ciprés rojo de Taiwán que se cuentan entre los más longevos de la isla, aunque conviene ser prudente con las cifras exactas de edad que a veces circulan en carteles turísticos, ya que su estimación no siempre resulta sencilla de verificar con precisión y conviene tomarlas como aproximaciones más que como datos exactos. Existen senderos señalizados cerca de las principales estaciones de la zona alta que permiten caminar entre estos ejemplares centenarios, con pasarelas de madera elevadas para proteger tanto las raíces de los árboles como a los visitantes del terreno húmedo y resbaladizo típico del bosque de niebla. La combinación de troncos de gran diámetro, musgo, helechos epífitos colgando de las ramas y la luz tamizada por la niebla frecuente produce una atmósfera que muchos visitantes describen como la de un bosque primigenio, aunque conviene recordar que buena parte del bosque original fue talado precisamente durante el periodo de explotación maderera que dio origen al propio ferrocarril, y que lo que se conserva hoy es en parte resultado de esfuerzos posteriores de protección y reforestación.
De la tala al turismo: un cambio de propósito
La transformación del ferrocarril de Alishan, de infraestructura industrial a atracción turística y patrimonio ferroviario, refleja un cambio más amplio en la relación de Taiwán con sus bosques de montaña a lo largo del siglo veinte. A medida que la explotación maderera intensiva fue cediendo terreno a políticas de conservación forestal, la línea perdió su función original de transporte de troncos y fue reorientándose progresivamente hacia el transporte de pasajeros, primero locales y después, de forma creciente, turistas nacionales e internacionales atraídos por el propio recorrido, por el mar de nubes y por los bosques de altura. Esta reconversión no ha estado exenta de dificultades: la línea ha sufrido a lo largo de su historia daños repetidos por deslizamientos de tierra, tifones y terremotos, fenómenos naturales frecuentes en esta parte del mundo, lo que ha obligado a cierres temporales y trabajos de reparación en distintos tramos a lo largo de los años. Por ese motivo, antes de planificar un viaje específicamente en torno al ferrocarril de Alishan conviene verificar en fuentes oficiales el estado actual de la línea y qué tramos se encuentran operativos, ya que no siempre la totalidad del recorrido histórico está disponible para el tráfico de pasajeros y en ocasiones se opera con servicios de autobús en los tramos afectados.
Planificar el ascenso: opciones y ritmo del viaje
Quien quiera subir a Alishan en tren desde Chiayi debe tener presente que el trayecto, aunque icónico, no es la única forma de llegar a la zona: existen también carreteras de montaña que conectan la región con el resto de Taiwán, utilizadas tanto por autobuses turísticos como por vehículos privados, y que muchos viajeros combinan con el tren, subiendo por ejemplo en tren y bajando por carretera, o viceversa, para experimentar ambas perspectivas del mismo paisaje montañoso. La duración del trayecto ferroviario completo, así como su disponibilidad, pueden variar según la época del año, el estado de la vía tras posibles incidencias meteorológicas y la demanda de billetes, especialmente en temporada alta o en fechas cercanas a festividades locales, por lo que conviene reservar con antelación y confirmar horarios en fuentes oficiales cerca de la fecha del viaje. En la zona alta de Alishan existe además una pequeña red de alojamientos pensada específicamente para quienes deciden pernoctar antes del amanecer, una opción recomendable para quien no quiera limitar la visita a una excursión de ida y vuelta en el mismo día y prefiera dedicar más tiempo a los senderos entre los árboles centenarios y a los distintos miradores de la zona.
Un bosque que se recorre despacio, a propósito
Lo que distingue al ferrocarril de Alishan de otras líneas de montaña del mundo no es tanto su velocidad ni su confort —criterios en los que, de hecho, otras líneas más modernas lo superan con facilidad— sino la manera en que obliga a experimentar el paisaje de forma progresiva, casi didáctica: subiendo por debajo de dos mil metros se atraviesan, uno tras otro, varios pisos de vegetación que en avión o en coche por autopista se saltarían sin apenas percibirse. Ese ritmo lento, heredado directamente de su origen como vía de transporte de madera y no de pasajeros, es hoy precisamente lo que convierte el trayecto en un recorrido memorable: una máquina pensada para bajar troncos de ciprés centenarios terminó, con el paso de las décadas, convertida en una de las mejores formas de subir hasta ellos.