Cómo identificar la arquitectura neomudéjar en la estación de Toledo, España

El día de la inauguración de la nueva estación de Toledo, en 1919, dos personas paseaban por sus andenes que ya habían ganado el Premio Nobel: Marie Curie y Santiago Ramón y Cajal. Habían venido a Madrid por un congreso médico y decidieron tomarse un día libre para conocer la ciudad —y la prensa de la época, entre ella ABC y El Eco Toledano, no dejó pasar la visita sin dejarla escrita.

La estación de Toledo: de qué estilo estamos hablando

El neomudéjar es un estilo arquitectónico historicista que recupera, con materiales y técnicas del siglo XIX y XX, los recursos visuales del arte mudéjar medieval español: arcos polilobulados, ladrillo visto combinado con cerámica decorativa, celosías y artesonados de madera con decoración geométrica. Se usó sobre todo en edificios públicos de finales del siglo XIX y principios del XX, como una forma de construir una identidad nacional española distinta del clasicismo dominante en el resto de Europa.

La estación de Toledo, diseñada por el arquitecto Narciso Clavería y de Palacios para la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (MZA), es uno de los ejemplos más citados del estilo aplicado a la arquitectura ferroviaria. El grueso de la obra se construyó entre 1916 y 1917, con la inauguración oficial en 1919, reemplazando a una estación original mucho más modesta que llevaba funcionando desde 1858.

Un edificio que generó polémica antes de ser un símbolo

Cuando se presentó el proyecto, no todos lo recibieron bien: costó más de un millón de pesetas de la época y se alejaba radicalmente del diseño sobrio y funcional de la estación anterior, lo que generó críticas por considerarlo un gasto excesivo para un edificio de servicio. Con el paso de las décadas, esa misma extravagancia es la razón por la que hoy es uno de los edificios más fotografiados de Toledo: fue declarada Bien de Interés Cultural en 1991 y restaurada en 2005, cuando se modernizaron andenes, marquesinas y accesos sin tocar la fachada ni el vestíbulo histórico.

Qué buscar con la mirada en el vestíbulo

El edificio ocupa 12.600 metros cuadrados construidos con ladrillo, piedra, hierro y cemento —una combinación de materiales industriales con una decoración de raíz artesanal—. En el vestíbulo principal, el techo de madera (artesonado) reproduce patrones geométricos mudéjares tallados a mano, mientras que las paredes combinan azulejería toledana con celosías caladas que filtran la luz. Una torre de cinco cuerpos de ladrillo, con arcos polilobulados y un reloj de cuatro caras visible desde cualquier ángulo, marca uno de los extremos del edificio. La verja histórica que rodea el recinto, obra del artesano Julio Pascual, tiene su propia protección patrimonial independiente del edificio principal.

La torre del reloj y la verja de hierro forjado

En uno de los extremos del edificio se alza la torre del reloj, el elemento más reconocible de la silueta de la estación de Toledo y uno de los que más trabajo de restauración recibió durante la intervención de 2005, cuando se recuperó buena parte de su mecanismo y su decoración cerámica original. A pie de calle, otro elemento con protección patrimonial propia pasa desapercibido para la mayoría de los viajeros: la verja de hierro forjado que rodea el recinto, diseñada por Julio Pascual, con un trabajo de forja tan detallado como el resto de la decoración del edificio y catalogada, junto con la estación, dentro de los elementos protegidos por la declaración de Bien de Interés Cultural de 1991.

El AVE que le devolvió protagonismo a la estación de Toledo

Durante buena parte del siglo XX, la estación de Toledo funcionó como una terminal secundaria, alejada de las grandes líneas nacionales. Eso cambió el 15 de noviembre de 2005, cuando se inauguró la línea de alta velocidad La Sagra-Toledo, la tercera de España en su tipo, que conecta Toledo con Madrid en apenas media hora mediante los trenes Avant, con unos 15 servicios diarios en cada sentido. La llegada del AVE convirtió a la estación centenaria en una terminal de cercanías de alta velocidad, con miles de viajeros diarios que se desplazan a Madrid por trabajo o estudio y turistas que llegan a pasar el día en la ciudad histórica, todo dentro del mismo vestíbulo neomudéjar diseñado casi un siglo antes para un tráfico ferroviario completamente distinto. Esa combinación de patrimonio centenario y servicio de alta velocidad moderno es poco frecuente: la mayoría de las estaciones históricas de España que conservan su arquitectura original quedaron relegadas a líneas convencionales de baja frecuencia, mientras que Toledo logró integrarse a la red de alta velocidad sin sacrificar un solo elemento de su fachada protegida.

Datos clave

  • Arquitecto: Narciso Clavería y de Palacios
  • Construcción: 1916-1917 · Inauguración: 1919
  • Estilo: Neomudéjar (historicismo español de raíz medieval)
  • Superficie: 12.600 metros cuadrados
  • Protección: Bien de Interés Cultural desde el 21 de noviembre de 1991

Un homenaje construido a la Toledo medieval

La elección del neomudéjar para la estación de Toledo no fue un capricho estético aislado: fue una decisión deliberada de dialogar con la propia ciudad que la rodea, célebre por su patrimonio mudéjar real y no revivalista, construido siglos antes por artesanos musulmanes, judíos y cristianos que convivieron y compartieron técnicas constructivas durante la Edad Media. Edificios como la Sinagoga de Santa María la Blanca, con sus arcos de herradura y capiteles decorados, o la Sinagoga del Tránsito, con sus yeserías cubiertas de inscripciones hebreas y motivos geométricos, forman parte del mismo lenguaje visual que Clavería trasladó, a escala monumental y con técnicas del siglo XX, a la fachada y el vestíbulo de la estación. No es casual que buena parte de la decoración cerámica del interior —zócalos de azulejo vidriado en tonos verdes, azules y ocres— remita directamente a la tradición toledana de la cerámica esmaltada, una de las señas de identidad artesanales de la ciudad desde la época andalusí.

Ese diálogo entre un edificio de comienzos del siglo XX y un patrimonio de varios siglos anteriores es parte de lo que distingue a la arquitectura ferroviaria historicista española de otros ejemplos europeos de la misma época, como las grandes estaciones centroeuropeas de estilo Beaux-Arts o neoclásico, que solían mirar hacia la Antigüedad romana en lugar de hacia una tradición local propia.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre el mudéjar original y el neomudéjar de la estación?

El mudéjar histórico se desarrolló entre los siglos XII y XVI en España, combinando técnicas cristianas e islámicas. El neomudéjar, como el de la estación de Toledo, es un revival del siglo XIX y XX que retoma esos mismos recursos decorativos —arcos, azulejos, artesonados— aplicados a edificios modernos como estaciones de tren, plazas de toros o pabellones de exposición.

¿Es cierto que Marie Curie visitó la estación de Toledo?

Sí. Tanto Marie Curie como Santiago Ramón y Cajal, ambos ya premiados con el Nobel, visitaron Toledo durante un descanso de un congreso médico celebrado en Madrid, y la prensa toledana de la época documentó la visita.

¿La estación conserva su diseño original hoy en día?

Sí, en gran parte. La restauración de 2005 modernizó los andenes, las marquesinas y los accesos para adaptarlos al tráfico ferroviario actual, pero respetó la fachada, la torre del reloj y el vestíbulo histórico, protegidos desde 1991 como Bien de Interés Cultural.

¿Cuánto tarda el AVE entre Madrid y Toledo?

Los trenes Avant que circulan por la línea de alta velocidad La Sagra-Toledo, inaugurada en 2005, cubren el trayecto entre Madrid y Toledo en aproximadamente 30 minutos, con unos 15 servicios diarios en cada sentido. Es uno de los trayectos de alta velocidad más cortos de España, y convirtió a Toledo en un destino habitual de excursión de un día para quienes viven en Madrid.

¿Qué otros edificios de Toledo comparten el estilo neomudéjar de la estación?

Aunque el neomudéjar como movimiento revivalista es del siglo XIX y XX, se inspira directamente en el patrimonio mudéjar real de la ciudad, visible en edificios como la Sinagoga de Santa María la Blanca y la Sinagoga del Tránsito, ambas con arcos de herradura, yeserías geométricas y una tradición de convivencia artesanal entre culturas que la estación intenta evocar a comienzos del siglo XX.

Referencias

Foto de portada: artesonado del vestíbulo de la estación de Toledo. Autor: Abelardo Lopez-Palacios (Galopax), Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

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