Gales en tren: el Ffestiniog Railway y el Welsh Highland Railway, trenes de vapor entre montañas

Antes de ver la locomotora, se la huele: una mezcla de carbón quemado, aceite caliente y vapor de agua que se cuela entre las casas de piedra gris de Porthmadog. Luego llega el sonido, un pitido agudo que rebota contra las laderas de pizarra del valle, y por fin aparece ella, pequeña pero terca, arrastrando una hilera de vagones por una vía tan estrecha que parece de juguete hasta que se sube y se comprueba que, en realidad, sube montañas de verdad. En el norte de Gales, esa combinación de olor a vapor y paisaje de montaña define dos de los ferrocarriles históricos más queridos de Europa: el Ffestiniog Railway y el Welsh Highland Railway.

Dos líneas, una sola tradición ferroviaria de vapor galesa

Aunque hoy se presentan casi como un único sistema conectado —con billetes combinados y servicios que enlazan directamente uno con otro en la localidad de Porthmadog—, el Ffestiniog Railway y el Welsh Highland Railway tienen orígenes distintos, separados por varias décadas, y comparten sobre todo una misma filosofía: usar una vía de ancho estrecho, mucho más barata de construir en terreno montañoso que el ancho ferroviario estándar, para dar salida a la producción minera del norte de Gales y, más tarde, para transportar viajeros a través de un paisaje que de otro modo habría sido muy difícil de recorrer en tren.

El Ffestiniog es el más antiguo de los dos, construido originalmente en el siglo diecinueve para bajar pizarra desde las canteras del interior montañoso hasta el puerto de la costa, en la época en la que la pizarra galesa se exportaba para techar edificios en buena parte de Europa. El Welsh Highland Railway, por su parte, tiene una historia más accidentada, con distintas líneas construidas y posteriormente abandonadas a lo largo del siglo veinte, hasta que un largo proceso de restauración por parte de voluntarios y entusiastas del ferrocarril logró, ya en tiempos recientes, reconstruir y volver a poner en marcha buena parte del trazado original.

Vale la pena detenerse en la propia historia de la reconstrucción del Welsh Highland Railway, porque dice mucho del tipo de proyecto que son ambas líneas: durante buena parte del siglo veinte, tras el cierre del servicio original, gran parte del trazado quedó abandonado, con tramos de vía levantados, puentes en desuso y estaciones convertidas en ruinas cubiertas de vegetación. Fue un esfuerzo sostenido de asociaciones de voluntarios, entusiastas del ferrocarril histórico y, más adelante, de la propia organización que gestiona el Ffestiniog, lo que permitió recuperar el trazado por tramos a lo largo de varias décadas, hasta lograr reabrir la conexión completa entre Caernarfon y Porthmadog. Ese carácter de proyecto de recuperación colectiva, más que de negocio turístico convencional, sigue notándose hoy en el ambiente de ambas líneas, donde no es raro cruzarse con voluntarios que dedican su tiempo libre al mantenimiento de las locomotoras y del material histórico.

El Ffestiniog Railway: de la pizarra a la experiencia turística

La línea del Ffestiniog conecta Porthmadog, en la costa, con Blaenau Ffestiniog, una localidad de montaña rodeada literalmente por montañas de pizarra: los enormes taludes de deshecho de las antiguas canteras todavía dominan el paisaje alrededor del pueblo, un recordatorio visual de la escala que llegó a alcanzar esta industria. El recorrido, aunque no muy largo en distancia, gana altura de forma constante mediante curvas cerradas y un trazado sinuoso que fue diseñado, en su momento, para minimizar la pendiente sin necesidad de recurrir a sistemas de cremallera u otras soluciones más costosas.

Lo que resulta más interesante para el viajero actual es que este trazado zigzagueante, pensado originalmente por razones puramente prácticas de ingeniería minera, es precisamente lo que hace que el viaje sea tan escénico hoy: el tren gana altura despacio, ofreciendo vistas repetidas sobre el mismo valle desde ángulos ligeramente distintos, con el estuario de Porthmadog quedando cada vez más abajo y más lejos según se avanza tierra adentro.

El trazado del Ffestiniog: del estuario a la montaña de pizarra

Nada más salir de Porthmadog, la vía cruza un largo terraplén construido sobre el propio estuario —una obra de ingeniería temprana que en su día también sirvió para ganar terreno agrícola al mar— antes de internarse en el valle y comenzar el ascenso propiamente dicho. El paisaje pasa de las marismas costeras a bosques de robles y, más arriba, a laderas de brezo y roca desnuda, con el lago artificial de Tanygrisiau apareciendo en el tramo final antes de llegar a Blaenau Ffestiniog.

Blaenau Ffestiniog en sí misma merece una parada: el pueblo ha reconvertido parte de sus antiguas instalaciones mineras en atracciones turísticas, incluyendo visitas guiadas al interior de las cavernas de las canteras, una forma de entender mejor por qué se construyó este ferrocarril en primer lugar y qué escala de trabajo humano se escondía detrás de esas montañas de pizarra desmenuzada que rodean el pueblo.

El Welsh Highland Railway: la vía estrecha más larga de Gales

Si el Ffestiniog impresiona por su historia y su trazado ingenioso, el Welsh Highland Railway impresiona sobre todo por su escala: es, con diferencia, el recorrido de vía estrecha continuo más largo de Gales, y atraviesa algunos de los paisajes más remotos y menos accesibles por carretera de todo Snowdonia. La línea conecta Porthmadog, en el punto donde enlaza con el Ffestiniog, con Caernarfon, una localidad costera dominada por un castillo medieval de piedra que se distingue con claridad desde la propia estación.

Entre ambos extremos, el tren rodea literalmente la base del macizo de Snowdon por su flanco meridional y occidental, pasando por el paso de Aberglaslyn —un desfiladero estrecho de paredes rocosas y bosque denso considerado, con razón, uno de los tramos más bellos de toda la red ferroviaria británica— y por amplios valles pastorales salpicados de granjas de piedra y muros de piedra seca que llevan siglos delimitando los pastos de ovejas de la zona.

Snowdonia desde la ventanilla: el paisaje que comparten ambas líneas

Lo que distingue a estos dos ferrocarriles de otras líneas panorámicas es la cercanía con la que permiten observar el paisaje: al tratarse de trenes de vía estrecha, relativamente lentos y con vagones de tamaño reducido, el viajero siente el terreno mucho más de cerca que en un tren convencional. Los árboles rozan casi las ventanillas en los tramos boscosos, las curvas cerradas permiten ver la propia locomotora echando humo por delante, y las pendientes pronunciadas se notan físicamente en el propio cuerpo del tren, que avanza con un esfuerzo audible propio de las máquinas de vapor.

El Parque Nacional de Snowdonia, que engloba buena parte de este territorio, combina montañas de perfil abrupto con valles glaciares, lagos de montaña y una vegetación que varía notablemente según la altitud: bosques caducifolios en las zonas bajas, brezales y helechales en las laderas medias, y roca desnuda o pasto alpino en las cumbres más altas. Dependiendo de la estación, el color dominante del paisaje cambia de forma notable, desde el verde intenso de la primavera hasta los tonos dorados y marrones del brezo en flor a finales del verano.

Viajar en un tren de vapor histórico: qué esperar realmente

Conviene tener expectativas realistas sobre lo que implica viajar en una locomotora de vapor histórica: no es un tren rápido ni especialmente cómodo en el sentido moderno del término, y eso es precisamente parte de su atractivo. El ritmo es pausado, las paradas técnicas para tomar agua o gestionar el cruce con otros convoyes son habituales en las líneas de vía única, y el propio funcionamiento de la máquina —el humo, el vapor, el sonido del pistón— forma parte del espectáculo tanto como el paisaje exterior.

Ambas líneas ofrecen distintas categorías de vagón, desde coches estándar hasta opciones con mayor nivel de confort o servicio de comidas a bordo en determinados trayectos, aunque la disponibilidad exacta de cada tipo de servicio puede variar según la época del año y conviene consultarla directamente con el operador antes de viajar. También es importante saber que, al tratarse de organizaciones que dependen en buena parte de personal voluntario y de un mantenimiento muy especializado de material histórico, los horarios pueden ser más limitados fuera de la temporada alta, con menos frecuencias diarias en otoño e invierno.

Planificar la visita: cómo combinar ambas líneas

  • Porthmadog funciona como punto de enlace natural entre ambas líneas, con estaciones próximas entre sí, lo que permite planificar un día completo combinando un tramo del Ffestiniog con otro del Welsh Highland.
  • Reservar plaza con antelación es recomendable en los meses de mayor afluencia, especialmente para los trenes con coches de categoría superior o servicio de comidas.
  • Llevar calzado cómodo y ropa de abrigo es aconsejable incluso en verano, ya que el clima de montaña en Snowdonia cambia con rapidez y las estaciones intermedias suelen estar a cierta altitud.
  • Blaenau Ffestiniog y Caernarfon, en los extremos opuestos de ambas líneas, ofrecen suficiente interés propio —minas históricas en un caso, un castillo medieval en el otro— como para justificar dedicarles tiempo antes de volver sobre los propios pasos.
  • Ambas estaciones enlazan también con otras líneas de ancho convencional de la red nacional galesa, lo que permite integrar el viaje en un itinerario más amplio por la costa oeste de Gales sin necesidad de depender de un coche de alquiler.
  • Conviene revisar los horarios estacionales publicados por cada operador antes de viajar, ya que ambas líneas ajustan su frecuencia de forma notable entre la temporada alta y el resto del año.

Al final, lo que queda de un día recorriendo estas dos líneas no es solo el recuerdo de un paisaje montañoso espectacular, sino la sensación de haber viajado en una máquina que todavía funciona exactamente como lo hacía generaciones atrás, mantenida viva gracias al empeño de quienes decidieron que estas vías estrechas, nacidas para transportar pizarra, merecían una segunda vida transportando historias.

LF

Escrito y verificado por Laura Fernández

Editora jefe de Fluxverso · Curadora editorial

Graduada en Turismo. Investiga cada ruta y estación, contrasta horarios y datos con las fuentes oficiales de las operadoras y verifica cada guía antes de publicarla.

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