Cúpulas frente al Atlántico: el neo-mauresque de Casablanca-Voyageurs

La piedra clara de la fachada principal atrapa la luz del mediodía con una intensidad casi cegadora, y durante unos segundos resulta difícil saber si lo que se tiene delante es una terminal de trenes o la entrada de un palacio. Ese efecto no es casualidad: quien diseñó este edificio a comienzos del siglo XX quería que los viajeros que llegaran a la ciudad —fueran colonos, comerciantes o simples curiosos— entendieran de inmediato que estaban entrando en un lugar con carácter propio, ni completamente europeo ni completamente local.

Un edificio pensado para impresionar antes de viajar

Casablanca-Voyageurs no nació como una simple infraestructura de paso. Se construyó en una época en la que las potencias europeas presentes en el norte de África competían también en el terreno simbólico, y las estaciones de ferrocarril funcionaban como tarjetas de presentación de una ciudad que crecía con rapidez. El resultado es un edificio monumental, pensado para causar impresión desde el primer vistazo: una fachada extensa, remates verticales que rompen la horizontalidad del conjunto y una composición que juega constantemente con la simetría.

A diferencia de otras grandes terminales europeas de la misma época, que recurrían al hierro visto y al cristal como signos de modernidad industrial, aquí el lenguaje elegido fue otro: el de la arquitectura neo-mauresque, un estilo que reinterpreta motivos decorativos del norte de África y de Al-Ándalus desde una sensibilidad occidental. No se trata de una reproducción fiel de la arquitectura tradicional marroquí, sino de una versión estilizada, pensada para un edificio público de gran escala.

El vocabulario decorativo: arcos, cúpulas y azulejos

Caminar alrededor del edificio permite identificar varios elementos que se repiten y dialogan entre sí. Los arcos de herradura, presentes en puertas y ventanas, remiten directamente a la tradición andalusí y magrebí. Las cúpulas y las pequeñas torres que rematan ciertos volúmenes del conjunto aportan verticalidad y rompen la monotonía de una fachada muy alargada. Y los paneles de azulejos, con su geometría repetitiva en tonos verdes, azules y ocres, funcionan como un contrapunto de color frente a la piedra clara del resto del edificio.

Este tipo de decoración no era exclusivo de las estaciones: se empleó también en edificios administrativos, bancos y residencias construidas durante el mismo periodo en varias ciudades marroquíes. Casablanca-Voyageurs es, en ese sentido, un ejemplo representativo de una corriente arquitectónica más amplia, aplicada aquí a un programa funcional exigente: un edificio que debía absorber un volumen creciente de pasajeros sin perder su vocación monumental.

Una estación que ha crecido junto con la ciudad

Casablanca pasó, en pocas décadas, de ser un puerto de tamaño modesto a convertirse en el principal motor económico del país. Ese crecimiento acelerado tuvo su correlato ferroviario: la estación original resultó insuficiente para el tráfico de pasajeros que la ciudad empezó a generar, lo que obligó a sucesivas ampliaciones y remodelaciones a lo largo del siglo XX y ya entrado el XXI. Lejos de tratarse de un edificio congelado en el tiempo, Casablanca-Voyageurs ha ido adaptando sus espacios interiores —vestíbulos, andenes, accesos— a las necesidades del transporte contemporáneo, incluida la llegada de servicios de alta velocidad que conectan la ciudad con otros puntos del país.

Esa convivencia entre el edificio histórico y las exigencias de una red ferroviaria moderna es, de hecho, uno de los rasgos más interesantes de la estación. No es un monumento aislado ni un museo: sigue funcionando como una terminal de pleno uso, con el trasiego constante de viajeros de cercanías, de trenes de media distancia y de servicios rápidos que compiten en frecuencia con los de cualquier gran ciudad europea.

El interior: luz, altura y un vestíbulo que invita a detenerse

Si la fachada exterior ya resulta llamativa, el interior no se queda atrás. El vestíbulo principal se organiza en torno a espacios de altura considerable, con techos que dejan pasar la luz natural a través de aberturas y lucernarios, y con una decoración que retoma los mismos motivos geométricos y vegetales presentes en el exterior. La sensación general es la de un edificio que no escatimó recursos en su construcción, algo poco habitual en infraestructuras puramente funcionales.

Los arcos interiores, algunos de gran tamaño, estructuran la circulación de los viajeros sin recurrir a divisiones rígidas, lo que aporta una sensación de amplitud incluso en las horas de mayor afluencia. Conviene detenerse unos minutos antes de dirigirse a los andenes: los detalles en yeserías, molduras y trabajos de carpintería recompensan a quien se toma el tiempo de mirar hacia arriba en lugar de cruzar el vestíbulo con la vista fija en el reloj de salidas.

Un elemento que suele pasar desapercibido para el viajero apresurado es el tratamiento del suelo, con combinaciones de mármol y piedra local dispuestas en patrones geométricos que retoman, a escala más discreta, los mismos motivos presentes en techos y muros. Este tipo de continuidad decorativa entre el suelo, las paredes y las cubiertas es característico de la tradición constructiva magrebí, donde rara vez un elemento arquitectónico se piensa de forma aislada del resto del conjunto.

Los andenes, situados tras el vestíbulo principal, mantienen un tratamiento más funcional, con marquesinas metálicas que protegen a los viajeros del sol y de las lluvias ocasionales, y que introducen un contraste deliberado entre la monumentalidad decorativa del vestíbulo y la sobriedad industrial propia de cualquier infraestructura ferroviaria en pleno funcionamiento.

Casablanca como nudo entre el Atlántico y el interior del país

Más allá de su valor arquitectónico, Casablanca-Voyageurs cumple una función estratégica dentro de la red ferroviaria marroquí. Desde aquí parten y llegan trenes hacia Rabat, hacia el eje que conecta con Tánger al norte y hacia Marrakech y otras ciudades del interior. Esa posición central convierte a la estación en un punto de tránsito obligado para buena parte de los viajeros que se mueven por el país en tren, ya sea por motivos de trabajo, de estudio o de turismo.

Esa doble condición —edificio patrimonial y nodo logístico activo— explica también por qué la estación ha sido objeto de mejoras continuas en sus servicios: señalización, accesos, zonas comerciales y espacios de espera se han ido renovando sin alterar el carácter del edificio original, en un ejercicio de equilibrio que no siempre resulta sencillo cuando se trata de infraestructuras centenarias sometidas a un uso intensivo.

Un símbolo reapropiado después de la independencia

Un edificio levantado durante el periodo del Protectorado francés podría haber quedado, tras la independencia de Marruecos, como un recordatorio incómodo de la administración colonial. No fue exactamente así con Casablanca-Voyageurs. El lenguaje decorativo neo-mauresque, aunque diseñado originalmente por arquitectos europeos con una mirada orientalista hacia el patrimonio local, terminó siendo leído por generaciones posteriores como una reivindicación visual de la identidad marroquí, precisamente por su insistencia en los arcos, los azulejos y la geometría islámica frente a las soluciones más austeras del racionalismo europeo de la misma época.

Esa reapropiación simbólica explica, en parte, por qué el edificio se ha mantenido y ampliado con cuidado en lugar de sustituirse por una terminal completamente nueva, como ha ocurrido con otras estaciones coloniales en distintos puntos del continente. Conservar y modernizar Casablanca-Voyageurs se entendió, con el tiempo, como una forma de preservar un patrimonio arquitectónico que, más allá de su origen, había pasado a formar parte del paisaje urbano reconocible de la ciudad.

La plaza y el entorno inmediato de la estación

El espacio urbano que rodea la estación merece también una mención aparte. La explanada situada frente a la fachada principal funciona como un punto de referencia para taxis, autobuses urbanos y el trasiego constante de viajeros que llegan cargados de equipaje, y desde allí es posible obtener una de las mejores perspectivas fotográficas del conjunto, especialmente al atardecer, cuando la luz baja resalta el contraste entre la piedra clara del edificio y el cielo. La zona ha ido modernizándose junto con el resto del barrio, con la incorporación de nuevas líneas de transporte urbano que facilitan la conexión entre la estación y otros puntos de la ciudad, incluido el aeropuerto.

Ese entorno inmediato, en constante transformación, contrasta de forma interesante con la permanencia del edificio histórico, que sigue actuando como ancla visual y funcional de todo el barrio, incluso a medida que Casablanca continúa expandiéndose y renovando su infraestructura urbana alrededor de él.

Qué tener en cuenta si vas a visitarla

Para quien viaje a Casablanca con interés en su patrimonio ferroviario, conviene recordar que se trata de una estación en pleno funcionamiento, no de un espacio museístico, por lo que el acceso a determinadas zonas puede estar condicionado por motivos operativos o de seguridad. Los horarios de trenes, las tarifas y las condiciones de acceso cambian con cierta frecuencia, así que lo más recomendable es confirmar la información directamente con la operadora ferroviaria marroquí antes de planificar cualquier trayecto. Lo mismo aplica a los servicios disponibles dentro de la estación, que pueden variar según la temporada.

Lo que sí se mantiene, año tras año, es esa primera impresión al llegar: una fachada que combina piedra, azulejo y una silueta inconfundible frente al bullicio de una de las ciudades más grandes de África, recordando que una estación de tren puede ser, al mismo tiempo, una puerta de entrada práctica y una declaración arquitectónica.

LF

Escrito y verificado por Laura Fernández

Editora jefe de Fluxverso · Curadora editorial

Graduada en Turismo. Investiga cada ruta y estación, contrasta horarios y datos con las fuentes oficiales de las operadoras y verifica cada guía antes de publicarla.

Ver todos sus artículos →

Deja un comentario