Extendida sobre la mesa de la cocina hay una lista de doce ciudades, escrita a mano en tres columnas y con flechas que las conectan entre sí como si fuera un mapa del metro. Es el primer boceto de un Interrail, y como casi todos los primeros bocetos, es demasiado ambicioso: doce ciudades en poco más de dos semanas significa, en la práctica, pasar más horas dentro de trenes nocturnos que visitando cualquiera de esos lugares a la luz del día. La pregunta que de verdad debería responderse antes de comprar el pase no es «¿cuántos días necesito para ver todo esto?», sino «¿qué tipo de viaje quiero hacer, y cuántos días de tren encajan con ese tipo de viaje?».
Antes de contar días, decide el tipo de viaje
Interrail vende, en esencia, un número determinado de días de viaje dentro de un periodo de validez más amplio, y existen distintas combinaciones según cuántos días sueltos quieras usar y en qué margen de tiempo. Antes de decidir cuántos días comprar, conviene tener claro qué tipo de viaje se quiere hacer, porque cada tipo de viaje consume los días de forma muy distinta:
- El recorrido relámpago por varias capitales: un viaje corto, de una o dos semanas, con el objetivo de conocer, aunque sea de forma superficial, varias ciudades distintas de varios países.
- La inmersión en una región concreta: quedarse en un área geográfica limitada (por ejemplo, el centro de Europa, o la costa mediterránea) y moverse dentro de ella con calma, sin cruzar el continente entero.
- El gran periplo de varias semanas o incluso un mes: un viaje largo en el que se combinan tramos de mucho movimiento con tramos de estancia tranquila, y en el que el pase se usa de forma más dosificada a lo largo de un periodo amplio.
Cada uno de estos tres perfiles necesita una lógica distinta para decidir cuántos días de tren comprar, y mezclar la lógica de uno con las expectativas de otro es la causa más común de comprar un pase que no encaja bien con el viaje real.
El recorrido relámpago: pocos días de uso, muy planificados
Si el objetivo es ver el máximo número de ciudades distintas en el mínimo tiempo posible, cada día de uso del pase probablemente corresponderá a un trayecto de traslado entre una ciudad y la siguiente, muchas veces un trayecto largo o incluso un tren nocturno. En este tipo de viaje, el número de días de tren que hace falta comprar tiende a coincidir bastante de cerca con el número de traslados entre ciudades que se van a hacer, porque apenas quedan días «sueltos» dedicados solo a moverse dentro de una misma ciudad sin usar el tren de largo recorrido.
La trampa habitual en este perfil es subestimar cuántos traslados se necesitan realmente. Si el plan es visitar seis ciudades en diez días, probablemente hagan falta cinco traslados solo para llegar de una a la siguiente, y a eso hay que sumar cualquier excursión de un día a algún lugar cercano a alguna de las ciudades base, que también consume un día del pase si se hace en tren de larga distancia. Conviene, antes de comprar, dibujar el itinerario real ciudad por ciudad y contar cada trayecto de tren de larga distancia previsto, incluidas las excursiones, para llegar a un número de días bastante ajustado a la realidad, no a una intuición optimista.
La inmersión regional: menos traslados largos, más movimiento local
Cuando el viaje se concentra en una región limitada y el ritmo es más pausado, el patrón de uso del pase cambia bastante. Es probable que haya menos trayectos de larga distancia entre países y más trayectos cortos dentro de una misma zona, algunos de los cuales pueden incluso no requerir usar un día del pase si se hacen en trenes regionales muy baratos que compensa más pagar sueltos que gastar un día completo de pase en ellos.
Aquí la pregunta relevante cambia: en lugar de contar traslados entre ciudades, hay que decidir cuántos de los desplazamientos previstos son lo bastante largos o caros como para que valga la pena «gastar» un día de pase en ellos, y cuáles son tan cortos y baratos que conviene pagarlos aparte y reservar los días del pase para los trayectos que de verdad los rentabilizan. Esta decisión requiere revisar, trayecto a trayecto, el precio aproximado del billete suelto frente al valor que representa un día de pase, algo que conviene hacer con los precios vigentes en el momento de planificar, ya que tanto las tarifas de trenes sueltos como las condiciones del propio pase cambian con el tiempo.
El gran periplo: dosificar los días de tren a lo largo de varias semanas
En un viaje largo, de varias semanas, la clave no es tanto contar traslados como distribuir bien los días de uso dentro del periodo de validez disponible. La mayoría de las modalidades de Interrail que cubren periodos amplios no exigen usar el pase todos los días seguidos, sino que ofrecen un número de días de viaje «sueltos» para usar dentro de una ventana de tiempo más larga, lo cual encaja bien con un estilo de viaje que alterna tramos de mucho movimiento con estancias de varios días sin tocar el tren.
Para este tipo de viaje, el error más habitual es comprar de más «por si acaso», pagando por días de pase que luego no se llegan a usar porque el viaje real incluyó más estancias tranquilas de lo previsto. La forma más razonable de calcular cuántos días hacen falta es boceto por boceto: repasa el itinerario aproximado semana a semana, marca en qué días habría trayecto de tren de larga distancia y en cuáles no, y suma solo esos días de trayecto. Es preferible pecar de quedarse ligeramente corto —siempre se pueden comprar billetes sueltos adicionales para algún trayecto extra que no estaba previsto— que comprar de más y pagar por movilidad que finalmente no se usa.
Días consecutivos frente a días flexibles: qué encaja con cada ritmo
Además de decidir cuántos días de tren comprar, hay que decidir qué modalidad de validez encaja mejor con el ritmo del viaje: hay opciones pensadas para usarse en días consecutivos, más adecuadas para un viaje corto y muy activo donde se viaja prácticamente cada día, y opciones que reparten un número de días de uso dentro de un periodo de validez más largo, pensadas para un ritmo que combina movimiento y descanso.
Un viaje relámpago por varias capitales suele encajar mejor con la modalidad de días consecutivos, porque de todas formas se va a viajar casi cada día. Un gran periplo de varias semanas, en cambio, casi siempre sale más a cuenta con la modalidad de días flexibles dentro de un periodo largo, porque permite quedarse varios días seguidos en un mismo sitio sin que esos días «cuenten» como uso del pase. Elegir la modalidad equivocada para el ritmo real del viaje es, junto con calcular mal el número de días, el segundo motivo más frecuente de arrepentimiento con este tipo de pases.
Cómo contar cuántos trayectos «merece la pena» cubrir con el pase
No todos los trayectos de un itinerario deberían cubrirse necesariamente con un día del pase. Algunos trayectos regionales cortos son tan baratos comprados sueltos que gastar en ellos un día completo de pase —que tiene un coste por día bastante más alto que un billete regional barato— no compensa, incluso aunque técnicamente el pase los cubra. La forma de decidirlo, trayecto por trayecto, es sencilla en su lógica aunque requiera algo de trabajo previo: compara el precio del billete suelto de ese trayecto concreto con el coste que representaría «un día» dentro del precio total del pase que estás considerando, y usa el pase solo en los trayectos donde esa comparación sale claramente a favor del pase.
Esto significa que el número final de días de pase que conviene comprar no tiene por qué coincidir con el número total de trayectos en tren del viaje, sino con el número de trayectos donde el pase realmente aporta ahorro frente a la alternativa de pagar suelto. Para el resto de trayectos, más cortos o más baratos, casi siempre sale mejor pagar el billete individual y guardar los días del pase para donde de verdad rinden.
Errores comunes al calcular los días
Algunos patrones se repiten una y otra vez entre quienes terminan comprando más o menos días de los que su viaje realmente necesitaba:
- Contar solo los trayectos «principales» entre ciudades base y olvidar las excursiones de un día que también consumen un día de pase si se hacen en tren de larga distancia.
- No dejar ningún margen para cambios de planes, imprevistos meteorológicos o simplemente el deseo de quedarse un día más en algún sitio que ha gustado especialmente.
- Elegir la modalidad de días consecutivos para un viaje que en realidad tiene tramos largos de descanso sin trenes, pagando así por movilidad que no se usará.
- Asumir que todos los trenes están incluidos sin coste adicional: algunos trenes de alta velocidad o nocturnos exigen reserva de asiento con un suplemento aparte del precio del pase, y ese coste adicional conviene tenerlo en cuenta al presupuestar el viaje completo, no solo el precio del pase en sí.
- No revisar las condiciones vigentes en el momento de comprar, confiando en información de un viaje anterior o de un artículo antiguo: tanto el número de modalidades disponibles como sus condiciones de validez cambian con cierta frecuencia, así que conviene siempre confirmar los detalles actuales en la fuente oficial antes de decidir.
Ajustar el plan una vez comprado el pase
Conviene recordar que comprar el pase no es el final de la planificación, sino más bien el punto de partida de un itinerario que todavía se puede y se debe ajustar sobre la marcha. La mayoría de los viajes largos en tren por Europa terminan pareciéndose solo a grandes rasgos al boceto inicial: algunas ciudades se cambian por otras, algún tramo se recorta porque el sitio no engancha tanto como se esperaba, y aparecen paradas que no estaban en el plan original. Comprar un número de días razonablemente ajustado al tipo de viaje, sin apurar al máximo ni sobrar demasiado, deja precisamente el margen necesario para que esos ajustes se puedan hacer sin sentir que se está desperdiciando dinero ya gastado ni que hace falta comprar billetes sueltos carísimos de última hora para cubrir un cambio de planes.