¿Qué se siente al bajar varios pisos hacia el interior de una montaña y encontrarse, al final del descenso, con un espacio tallado enteramente en sal, iluminado de un azul que no existe en la superficie? Esa es la pregunta que resume, mejor que cualquier folleto, el destino final de uno de los trayectos en tren más singulares de Colombia: el que une Bogotá con Zipaquirá y su célebre catedral subterránea. Antes de llegar a esa escena casi onírica bajo tierra, sin embargo, el viaje empieza en un lugar mucho más terrenal: el andén de una estación bogotana que ha visto pasar más de un siglo de historia ferroviaria colombiana.
La Sabana, una estación con vocación de museo
La estación de La Sabana, en el centro de Bogotá, es el punto de partida habitual para quienes se embarcan en este recorrido. Se trata de un edificio de fuerte impronta europea, construido en una época en la que Colombia, como buena parte de América Latina, apostaba por el ferrocarril como motor de modernización y de integración territorial. Su fachada, sus techos altos y sus detalles ornamentales remiten a un estilo que hoy convive con el uso mucho más limitado que tiene la estación en comparación con su función original, cuando era un nudo activo de la red ferroviaria nacional.
Caminar por sus andenes antes de la salida del tren ya es, de por sí, una experiencia con cierto peso histórico: gran parte de la infraestructura ferroviaria colombiana vivió un largo período de desinversión y abandono a lo largo del siglo XX, a medida que el transporte por carretera y la reducción de la actividad de carga fueron dejando fuera de servicio numerosos ramales. Que este tramo hacia Zipaquirá se mantenga operativo, aunque sea con una frecuencia limitada y de carácter fundamentalmente turístico, es en sí mismo un dato relevante sobre lo excepcional que resulta hoy viajar en tren de pasajeros dentro del país.
Un tren turístico, no un servicio de cercanías convencional
Conviene aclarar desde el principio qué tipo de servicio es este: no se trata de un tren de cercanías de uso cotidiano, sino de un servicio turístico que opera con una periodicidad limitada, habitualmente concentrada en fines de semana y días festivos, gestionado por operadores privados en coordinación con la infraestructura ferroviaria existente. El material rodante suele incluir vagones de época restaurados, con una estética que evoca el ferrocarril colombiano de mediados del siglo pasado, y en algunos casos el recorrido se acompaña de música en vivo a bordo, lo que convierte el trayecto en parte del atractivo y no solo en un medio para llegar al destino final.
Por tratarse de un servicio de frecuencia acotada y sujeto a cambios de programación, es especialmente importante verificar con antelación, en fuentes oficiales y actualizadas, los días de operación, los horarios de salida y regreso, y la disponibilidad de boletos antes de organizar el viaje. La demanda suele ser alta en determinadas épocas del año, y no es infrecuente que los cupos se agoten con cierta anticipación, sobre todo en fechas de vacaciones escolares o en fines de semana largos.
La sabana bogotana desde la ventanilla
El trayecto entre Bogotá y Zipaquirá atraviesa buena parte de la sabana de Bogotá, un altiplano extenso situado en la cordillera Oriental de los Andes colombianos, caracterizado por su relieve suavemente ondulado, sus potreros verdes casi todo el año gracias a la altitud y la humedad de la región, y por una actividad agrícola y ganadera que todavía define el paisaje pese a la creciente urbanización que ha ido ganando terreno en las últimas décadas. Desde la ventanilla del tren se alternan zonas de cultivo, invernaderos de flores —una de las actividades económicas más representativas de la sabana— y pequeños núcleos urbanos que conservan cierto aire de pueblo andino.
La altitud de la zona, muy por encima de los dos mil metros sobre el nivel del mar, condiciona tanto el paisaje como el clima que puede encontrarse durante el viaje: las temperaturas suelen ser frescas durante todo el año, con posibilidad de lluvias repentinas incluso en temporadas consideradas secas, así que conviene llevar abrigo ligero y, en lo posible, algo de protección para la lluvia, independientemente de la época en que se realice la excursión.
La explotación de la sal, un hilo conductor de siglos
Antes de que existiera cualquier catedral, ya existía la sal. La región de Zipaquirá forma parte de un cinturón salino que se extiende por varios puntos de la sabana bogotana y sus alrededores, formado a partir de antiguos depósitos geológicos que quedaron atrapados en el subsuelo andino tras sucesivos procesos de sedimentación y elevación de la cordillera a lo largo de millones de años. Comunidades muiscas, asentadas en la sabana mucho antes de la llegada de los españoles, ya explotaban estos yacimientos mediante técnicas artesanales, y la sal se convirtió en un bien de intercambio de gran valor dentro de las redes comerciales prehispánicas de la región, mucho antes de que nadie imaginara construir un templo bajo tierra.
Con la llegada de la administración colonial, la explotación de la sal pasó a manos de la corona y más tarde, ya en la época republicana, del propio Estado colombiano, que organizó la actividad minera de forma cada vez más industrial a lo largo de los siglos XIX y XX. Ese proceso de industrialización fue, precisamente, el que dio origen a los primeros espacios de culto excavados dentro de la mina: los propios trabajadores, siguiendo una tradición minera con paralelos en otras partes del mundo, comenzaron a tallar pequeños altares en la roca salina como forma de encomendarse antes de iniciar cada jornada bajo tierra, una costumbre que con el tiempo derivó en construcciones cada vez más elaboradas hasta desembocar en la catedral que puede visitarse hoy.
Un templo tallado en sal, a decenas de metros bajo tierra
El destino final del recorrido, la catedral de sal de Zipaquirá, es en realidad un templo construido dentro de las galerías de una antigua mina de sal que ha sido explotada en la región desde tiempos precolombinos, cuando comunidades indígenas ya extraían este recurso mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos. La actual catedral, esculpida directamente en la roca salina, sustituyó a una construcción anterior más antigua y menos estable, y fue concebida como un espacio de culto y, al mismo tiempo, como un símbolo de identidad para los mineros de la zona, quienes tradicionalmente encontraban en la fe un elemento central de su vida cotidiana bajo tierra.
El recorrido interior está organizado en distintas estaciones que evocan pasajes religiosos, talladas también en sal, y culmina en una nave principal de dimensiones considerables, iluminada con juegos de luz que resaltan las vetas y texturas propias del mineral. La sensación térmica dentro de la mina suele ser más templada y estable que en el exterior, lo cual ofrece un contraste agradable después de las temperaturas frías de la sabana bogotana. Conviene calcular al menos un par de horas para recorrer con calma el conjunto, ya que las dimensiones del espacio y la cantidad de detalles tallados invitan a un ritmo pausado más que a una visita apresurada.
Zipaquirá más allá de la catedral
Aunque la catedral de sal concentra la mayor parte de la atención de quienes llegan hasta aquí, el propio municipio de Zipaquirá merece un rato de exploración adicional. Su plaza principal, rodeada de edificios de arquitectura colonial y republicana, conserva un ambiente de pueblo andino tradicional que contrasta con la escala mucho mayor de la capital colombiana. La actividad comercial alrededor de la plaza suele incluir puestos de comida típica de la región y artesanías relacionadas con la propia tradición salinera del municipio, un buen complemento para quienes quieran prolongar la visita más allá del recorrido subterráneo.
Quienes dispongan de tiempo adicional pueden aprovechar también para conocer algo más del patrimonio arquitectónico de Zipaquirá, cuya historia está profundamente ligada a la explotación de la sal desde épocas prehispánicas, un vínculo que se refleja tanto en el nombre del municipio como en buena parte de su identidad cultural actual. No es un destino pensado para quedarse muchos días, pero sí para dedicarle una jornada completa sin prisas, en lugar de tratarlo como una parada exprés entre el tren de ida y el de vuelta.
Alternativas cuando el tren no coincide con el itinerario
Dado que el servicio ferroviario opera con una frecuencia limitada, muchos viajeros que no logran coincidir con sus fechas de operación optan por llegar a Zipaquirá por carretera, ya sea en transporte público regular desde Bogotá o mediante excursiones organizadas que incluyen transporte y entrada a la catedral de sal en un mismo paquete. Ninguna de estas alternativas ofrece, evidentemente, la experiencia particular de recorrer la sabana en un tren de época, pero permiten conocer el destino final igualmente cuando el calendario del tren turístico no se ajusta a los días disponibles del viajero.
- Confirmar la programación vigente del tren turístico antes de organizar el resto del itinerario, ya que suele limitarse a determinados días de la semana.
- Reservar boletos con antelación, especialmente en temporada alta o en fines de semana largos.
- Llevar ropa de abrigo para la sabana y, al mismo tiempo, calzado cómodo para el recorrido a pie dentro de la mina.
- Calcular tiempo suficiente para recorrer tanto la catedral de sal como el centro histórico de Zipaquirá.
- Verificar las condiciones de acceso a la catedral de sal, incluyendo horarios y eventuales restricciones, directamente en fuentes oficiales antes del viaje.
Entre la estación decimonónica de La Sabana y las galerías talladas en sal de Zipaquirá se despliega un recorrido que combina, en pocas horas, la historia ferroviaria de Colombia, el paisaje agrícola de su altiplano central y un patrimonio subterráneo que pocos países pueden ofrecer con estas características. Es un viaje que premia sobre todo a quien se toma su tiempo: tanto para disfrutar el trayecto en sí como para dejarse sorprender, ya bajo tierra, por un espacio que se aleja de cualquier expectativa previa sobre lo que puede ser una catedral.
Los datos oficiales del Tren de la Sabana
Turistren, el operador, cubre la ruta Bogotá–Zipaquirá por la misma vía del Ferrocarril del Norte desde 1900. Circula sábados, domingos y festivos; entre semana no opera. La actividad completa dura 8 horas y 30 minutos, de las cuales 4 h 30 min son parada en Zipaquirá.
| Punto | Ida | Regreso |
|---|---|---|
| Gran Estación | 8:45 | 17:15 |
| Estación de Usaquén | 9:15 | 16:45 |
| Zipaquirá | 10:45 | 15:15 |
Tarifas oficiales: niño de 3 a 12 años 90.000 pesos; adulto de 13 a 59 96.000; adulto mayor de 60 90.000. El traslado de la estación de Zipaquirá a la Catedral son 1,7 km y cuesta 10.000 pesos. Contacto: +57 601 316 1300, servicioalcliente@turistren.com.co.
La Estación de la Sabana y la Catedral de Sal
La Estación de la Sabana figura en la lista de Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional del Ministerio de Cultura, con los instrumentos Decreto 2390 del 28 de septiembre de 1984 y Decreto 746 del 24 de abril de 1996. Fue diseñada por Mariano Santamaría e inaugurada el 20 de julio de 1917. Importante para planificar: hoy no es punto de embarque, solo punto de venta; se sube en Gran Estación o Usaquén.
La Catedral de Sal está a 180 metros bajo la superficie. La actual se inauguró en 1995, con proyecto del arquitecto Roswell Garavito Pearl; la primera, de 1954, cerró en septiembre de 1992 por defectos estructurales. Recibe unos 600.000 visitantes al año.
Nota importante: ninguna fuente oficial afirma que este tren sea de vapor. Turistren habla solo de “locomotora clásica” y “coches de los años sesenta restaurados”. Muchas guías lo describen como tren a vapor sin respaldo del operador. Tampoco publicamos las tarifas de entrada principales de la Catedral: su web las muestra mediante JavaScript y no fue posible leerlas; las cifras anteriores proceden de Turistren.
Datos verificados en octubre de 2026. Horarios, tarifas y condiciones cambian con frecuencia. Confirma siempre en la web oficial del operador antes de viajar.
Fuentes consultadas
- Turistren — horarios y tarifas oficiales. turistren.com.co.
- Ministerio de Cultura de Colombia — lista de Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional. mincultura.gov.co (PDF).
- Catedral de Sal de Zipaquirá — sitio oficial. catedraldesal.gov.co.